Caminar durante 8 días, haciendo un recorrido de 218 kilómetros, fue todo un desafío. Sin embargo, necesario para llevar un mensaje de lucha a la población de Guatemala, para despertar las conciencias y que todas y todos nos demos cuenta de la realidad en que estamos sumidos.

Fue el alma que movió la “Marcha de la Dignidad, por la vida y justicia”, que inició el 1 de mayo en la ciudad de Quetzaltenango y culminó en la ciudad Capital de Guatemala, el 8 de mayo. El llamado fue sumarse, para que juntos pudiéramos alzar nuestra voz. Y se logró, cientos y cientos de personas se integraron, logrando un ingreso multitudinario a las calles capitalinas, para decir que somos todo un pueblo en contra de todas las injusticias, en defensa de la vida (en toda su dimensión).

Cientos de personas caminaron desde Quetzaltenango a Totonicapán, luego hacia la ciudad de Guatemala, sobre la carretera Interamericana.

La marcha no fue solo por la población rural, ni por una sola cultura, fue por todas y todos, por el bienestar colectivo de Guatemala. Para que la voz no sea callada y que la lucha de los pueblos se fortalezca en pro de un mejor país, por eso la “Marcha de la dignidad” alzó a cada momento sus demandas.

Por la resistencia de los pueblos

El despertar del pueblo no ocurrió hace 4 o 5 años. Los pueblos originarios hemos estado en resistencia desde hace más de 500 años, desde la llegada de la invasión española que vino a saquear nuestras riquezas y a alterar nuestra forma de vida. Aunque esta lucha se trate de invisibilizar, está latente.

A lo largo de estos siglos, nuestros antepasados se han alzado y han dado cada paso con esfuerzo. Gracias a hombres y mujeres valientes, permanece nuestra cultura milenaria y queremos que perviva por los siglos. Por eso no claudicamos.

La lucha de los pueblos va muy ligada a la vida, en una dimensión muy amplia que no solo involucra al ser humano, sino a toda la naturaleza.

Las secuelas del colonialismo no solo afectan a los pueblos originarios, sino también a los mestizos que cohabitan estas tierras, por lo que la unidad es una tendencia necesaria para poder luchar contra los sectores minoritarios pero poderosos que, históricamente, han pisoteado nuestra dignidad.

Atentado contra los territorios y bienes naturales

El despojo de los territorios es una realidad que se denuncia desde la “Marcha de la Dignidad”.  Se está atentando contra los bienes naturales como el agua o los bosques, que por siglos han sido cuidados por los pueblos originarios, porque, dentro de nuestra cosmovisión, la vida es toda una complejidad de elementos que nos rodean y que deben estar en armonía, lo que llamamos La Madre Naturaleza.

El aprovechamiento desmedido de los bienes naturales, por las empresas, es un problema recurrente en todos los territorios.

Sin embargo, la visión impuesta es la mercantilización de estos bienes, sin medir las consecuencias que esto puede generar en el equilibrio ecológico. Se están talando los bosques, los ríos se están desviando, los suelos se están excavando, entre otros daños que se están provocando a causa de la ambición de riqueza insaciable que promueve el extractivismo.

Criminalización por la defensa de los bienes naturales

La defensa del territorio es un compromiso férreo de la marcha. Claro está, conscientes de las implicaciones que esto ha significado para muchos defensores y defensoras de Derechos Humanos.

Abelino Chub Caal, quien recientemente fue absuelto de acusaciones falsas en su contra por defender parte del territorio Q’eqchi’, también participó en la marcha. Chub fue encarcelado injustamente por más de dos años.

La criminalización es una herramienta continua, aplicada por el sistema de justicia corrupto, para intentar acallar las voces de un pueblo que se alza en defensa de lo que realmente significa la vida. Hay hermanos y hermanas apresados que su único delito ha sido oponerse a la invasión en sus territorios, porque necesitan agua, necesitan bosques, necesitan aire. Sobre todo, no quieren heredar un ambiente destrozado para las futuras generaciones. Por eso el llamado para sumarse a esta lucha.

A pesar de que la justicia en Guatemala es tan injusta, pues solo actúa en contra de quienes buscan el bien común, más personas se están sumando para promover la defensa de los territorios, para garantizar la vida en toda su dimensión.

Estamos en contra de la corrupción

La corrupción es una de las peores desgracias de Guatemala, denunciada por el pueblo digno que marchó durante los 8 días. Y no debe verse muy superficialmente, enfocándonos puramente en el dinero o en las cifras de éste, porque tiene muchas más formas de manifestarse y tiene muchas implicaciones. En este juego de la corrupción se manejan intereses de poder, políticos, que oprimen a las comunidades indígenas y rurales, lo que no se visibiliza desde las ciudades, porque simplemente no les afecta. Además de la complicidad de medios de comunicación corporativos, que son indiferentes ante estas situaciones y no las dan a conocer.

La corrupción está afectando a la población más desfavorecida de Guatemala

El despojo que sufren los territorios también es parte de la corrupción. Negociaciones que se dan, sin importar qué piensan las personas que viven donde se impone un megaproyecto extractivista. De ahí las incontables violaciones a los derechos fundamentales. Una asignatura pendiente, por ejemplo, son las consultas a los Pueblos Indígenas, que el Estado de Guatemala no ha tomado en consideración y que ha permitido el saqueo de los bienes naturales, así como el asesinato de líderes, sin que la justicia aclare estos casos.

Oferta electoral vacía

Y los cambios no llegarán de la mano de la falsa democracia que pregonan los politiqueros. Los cambios deben ser desde la raíz, desde los pueblos, una refundación del Estado, desde una construcción plurinacional.

Por eso en la “Marcha de la dignidad” rechazamos las falsas ofertas de candidatos y sus partidos que buscan llegar al poder en las elecciones que serán celebradas en junio próximo. No hay propuestas claras y propositivas, que verdaderamente puedan marcar el cambio. Por ello es que con la marcha se busca despertar la razón de las personas, para que tomen la decisión más inteligente y no nos precipitemos a un abismo más profundo del que ya estamos. La tarea es emerger de lo profundo y hacer que Guatemala florezca.

La lucha es de todas y todos

Para que sucedan los cambios, es necesaria la inclusión de todos. Jóvenes, mujeres, niñas y niños, con una conciencia colectiva podemos enfrentar al Estado cooptado por la corrupción, el crimen organizado y cuanto poder obscuro que vela por sus intereses, a costa de Guatemala.

Con la “Marcha de la Dignidad, la vida y justicia” se busca abrir camino a la esperanza, para que todas y todos permanezcamos despiertos y juntos avancemos a la trasformación de nuestro país. Donde se respete nuestra dignidad, como seres humanos, así como la dignidad de la Madre Tierra, para que florezca la vida. Donde la justicia sea para todos y se acabe la opresión contra los pueblos.

No se entregó ningún documento a ningún funcionario, ni se pidió ninguna reunión con ninguno, porque no son dignos, porque la dignidad es del pueblo. Por eso el mensaje de la “Marcha de la dignidad” es para el pueblo.